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Parte I / Avanza con las mineras la neo colonización en Oaxaca

* Crece la oposición de las mujeres; luchan en defensa de la tierra

* 299 concesiones mineras; 82% del territorio es propiedad social

Foto: Átziri Ávila

OAXACA, Oax. Nancy tenía 11 años cuando comenzó a ver el impacto de la minería. En 2009 acompañó a su madre y a su padre en la resistencia que mantenían para impedir la entrada a la empresa minera Cuzcatlán, filial de Fortuna Silver Mines de origen canadiense, hoy con poco más de 18 años mira en retrospectiva la historia y concluye drásticamente: “para lo único que sirvió es para que reconociera el derecho de las mujeres a participar en las asambleas”.

Antes, las mujeres no iban a una asamblea, no votaban, “siempre estaban a lo que el marido decía; con toda esta revolución por la minera, ellas comenzaron a opinar y a decir que no querían la entrada de esa empresa”.

Después de casi ocho años, tras los asesinatos de cuatro personas y una serie de detenciones, agresiones físicas y psicológicas a quienes participaron en la resistencia a ese proyecto, tres cuartas partes de su pueblo está concesionado al proyecto minero denominado San José, y su madre languidece al darse cuenta de que los pozos ya no tienen agua y de que su lucha no ha tenido grandes resultados hasta hoy.

“En ese tiempo, en mayo de 2009, se dio un enfrentamiento y desalojo de las instalaciones, después de que los pobladores de los municipios de San José del Progreso y Magdalena Ocotlán habían tomado las instalaciones de la empresa para exigir la cancelación de los trabajos de exploración y preparación. Mi padre estuvo preso por varias semanas, yo era muy pequeña pero vi cómo volaban los helicópteros arriba de la comunidad, vi pasar patrullas estatales, fui consciente de que mi madre y muchas mujeres hicieron frente a los policías y a elementos del Ejército mexicano”.

Nancy recuerda que su madre fue muy activa, pero el pueblo se fue dividiendo y confrontando, sufrió agresiones físicas, una de ellas sucedió en 2010 cuando le echaron gases lacrimógenos en la cara.

“Ahora está más débil, su ánimo fue decayendo, ya no asiste a las asambleas, a pesar de que se le reconoció a las mujeres el derecho a participar en ellas”.

La joven es ahora conductora en una estación de radio comunitaria ubicada en San Antonino Castillo Velasco, una población perteneciente a los Valles Centrales de Oaxaca, estado donde hay al menos 299 concesiones mineras.

Nancy tiene en mente mantener vigente la convicción de sus padres de rechazar las empresas mineras, para ello, se dedica a informar a la comunidad sobre los impactos de esta industria que en la últimas semanas ha cobrado la vida de dos personas que quedaron atrapadas en los túneles de una mina, ubicada en otra población de la misma región del estado, sin que las autoridades de protección civil o de la empresa hayan intervenido en la búsqueda: fueron los mismos familiares que ingresaron sólo para recoger los cadáveres.

En este contexto de retorno de las empresas extractivas mineras así como de la presión del mercado sobre las tierras, la participación de las mujeres ha cobrado relevancia en Oaxaca, a pesar de que tradicionalmente no han sido tomadas en cuenta en las asambleas comunitarias y de que en la mayoría de los casos son ajenas a la propiedad social de la tierra por la que luchan.

De acuerdo al diagnóstico Equidad de género en núcleos agrarios, elaborado por el ex Instituto de la Mujer Oaxaqueña, sólo 22 por ciento de las personas con derechos agrarios (parcelarios y de uso común), son mujeres. “Las tierras están en manos de hombres”, apunta la exdirectora de esta dependencia, Anabel López Sánchez.

Si se toma en cuenta que 82 por ciento del territorio oaxaqueño es propiedad social (869 son ejidos, 760 son comunidades agrarias) mayormente ocupada por pueblos originarios o indígenas y que en esa propiedad social de la tierra no están consideradas las mujeres, evidentemente hay una lucha desigual de base, pues la reforma agraria de 1992 le quitó el derecho mancomunado a las mujeres.

Las vías para que las mujeres puedan obtener el derecho en muchas de estas comunidades en las que se desarrollan estos conflictos son: que el padre les herede un pedazo de tierra, que compre y el derecho “del tanto”, que es un derecho que otorga la ley agraria de este país para que las mujeres puedan comprar un predio al marido. Éste es el único derecho que da la ley, “es una pendejada” dice López Sánchez, defensora de los derechos de las mujeres. Y la otra posibilidad es enviudar.

“Es una reforma neoliberal y machista, eliminó el derecho mancomunado y lo puso como derecho del tanto”, acusa la feminista oaxaqueña parafraseando a un consultor de la ONU.

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